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Autolesiones en adolescentes: cómo comprenderlas y por qué el acompañamiento es fundamental

Descubrir que un hijo o una hija se ha hecho daño de forma intencionada es una de las experiencias más difíciles que puede vivir una familia. Es habitual que aparezcan el miedo, la culpa, la confusión o la sensación de no saber qué hacer.

«¿Por qué lo hace?» «¿Quiere morirse?» «¿Estoy haciendo algo mal como padre o madre?» «¿Cómo puedo ayudarle?» Son preguntas completamente comprensibles.

Las autolesiones generan una enorme preocupación porque enfrentan a las familias con un sufrimiento que muchas veces no habían imaginado. Sin embargo, antes de buscar respuestas rápidas o intentar que la conducta desaparezca, hay algo mucho más importante: comprender qué hay detrás de esas heridas.

Porque, en la mayoría de los casos, las autolesiones no son el problema en sí mismo. Son la forma que un adolescente ha encontrado para intentar gestionar un dolor emocional que, por el momento, no sabe expresar ni aliviar de otra manera.

La investigación de los últimos años ha cambiado profundamente nuestra comprensión sobre este fenómeno. Hoy sabemos que la mayoría de adolescentes que se autolesionan no buscan llamar la atención ni manipular a quienes les rodean. Lo que intentan, casi siempre, es regular emociones muy intensas, aliviar un sufrimiento que sienten insoportable o recuperar una sensación de control cuando todo parece desbordarles.

En este artículo te explicamos qué son las autolesiones, por qué aparecen, cómo viven esta experiencia los adolescentes y qué puede hacer una familia para acompañarlos de una forma que realmente ayude.

¿Qué son las autolesiones?

Las autolesiones consisten en provocarse daño de forma intencionada sobre el propio cuerpo. Los cortes superficiales, los arañazos repetidos, las quemaduras o los golpes contra uno mismo son algunas de las formas más frecuentes en adolescentes.

Aunque tradicionalmente se hablaba de autolesiones sin intención suicida, actualmente muchos expertos prefieren utilizar el término autolesión de forma más amplia, ya que en ocasiones resulta difícil diferenciar con claridad cuál era la intención exacta en el momento en que ocurrió. Lo importante no es tanto clasificar la conducta como comprender el sufrimiento que hay detrás y valorar adecuadamente el riesgo.

Es importante entender que autolesionarse no significa necesariamente querer morir.

Muchas personas que se autolesionan no desean acabar con su vida. Lo que buscan es poner fin, aunque sea de manera temporal, a un dolor emocional que sienten imposible de soportar. Sin embargo, esto no significa que debamos restar importancia a las autolesiones.

Sabemos que constituyen uno de los principales factores de riesgo para futuras conductas suicidas y que siempre merecen una valoración profesional, especialmente cuando se repiten, aumentan en frecuencia o aparecen junto a otros síntomas como depresión, desesperanza o aislamiento social.

¿Por qué un adolescente se autolesiona?

Esta es probablemente la pregunta que más preocupa a las familias. Y también una de las que más ha investigado la ciencia.

Durante mucho tiempo se creyó que las autolesiones tenían como objetivo llamar la atención o manipular al entorno. Hoy sabemos que esa explicación resulta demasiado simple y, en la mayoría de los casos, es incorrecta.

Una revisión sistemática publicada en 2025, que analizó 117 estudios realizados en jóvenes de entre 10 y 24 años, concluyó que las motivaciones más frecuentes para autolesionarse son internas, relacionadas con la regulación emocional, y no con obtener una respuesta de los demás.

Es decir, la mayoría de adolescentes no se hacen daño para que alguien les vea. Se hacen daño porque, en ese momento, sienten que no encuentran otra manera de gestionar lo que están viviendo.

Entre las funciones más frecuentes de las autolesiones destacan:

  • Aliviar emociones muy intensas.
  • Reducir la ansiedad o la tensión acumulada.
  • Disminuir la sensación de vacío.
  • Salir de estados de desconexión emocional o «sentirse de nuevo».
  • Castigarse a sí mismos cuando aparecen sentimientos intensos de culpa o vergüenza.
  • Recuperar una sensación de control cuando sienten que todo lo demás escapa de sus manos.

Aunque algunas personas pueden utilizar las autolesiones para expresar a su entorno un sufrimiento que no consiguen comunicar con palabras, estas motivaciones interpersonales son mucho menos frecuentes que las relacionadas con la regulación emocional.

Comprender esto cambia completamente la forma de mirar el problema. Porque deja de preguntarnos «¿por qué hace esto?» para empezar a preguntarnos: «¿Qué dolor está intentando aliviar?»

¿Qué siente un adolescente antes y después de autolesionarse?

Una de las mayores dificultades es que las autolesiones pueden resultar muy difíciles de entender desde fuera. Para muchas familias parece una conducta incomprensible. Sin embargo, para el adolescente suele tener una función muy concreta.

Antes de autolesionarse es frecuente que aparezcan emociones difíciles de sostener:

  • Una ansiedad muy intensa.
  • Sensación de desbordamiento.
  • Rabia hacia uno mismo.
  • Tristeza profunda.
  • Vergüenza.
  • Vacío emocional.
  • Sensación de no poder controlar lo que está ocurriendo.

Algunos adolescentes describen que sienten tanta tensión interna que necesitan «hacer algo» para conseguir que esa sensación disminuya. Después de autolesionarse muchas personas experimentan un alivio inmediato. No porque el problema haya desaparecido sino porque, durante unos minutos, la intensidad emocional disminuye. Ese alivio explica por qué la conducta puede repetirse. No porque el adolescente quiera hacerse daño sino porque ha descubierto una estrategia que, aunque resulte perjudicial, consigue reducir temporalmente un sufrimiento muy intenso.

Por eso, el objetivo del tratamiento no consiste únicamente en impedir que vuelva a autolesionarse. Consiste en ayudarle a desarrollar otras formas de comprender, expresar y regular aquello que está sintiendo.

¿Por qué aparecen las autolesiones?

No existe una única causa. Las autolesiones son un fenómeno complejo en el que intervienen múltiples factores personales, familiares, sociales y biológicos.

Algunos adolescentes presentan una mayor dificultad para identificar y regular sus emociones. Otros atraviesan situaciones especialmente estresantes. Y, en muchas ocasiones, ambas circunstancias coinciden.

Entre los factores que pueden aumentar el riesgo encontramos:

  • Dificultades para gestionar emociones intensas.
  • Baja autoestima.
  • Bullying o problemas con iguales.
  • Conflictos familiares mantenidos.
  • Experiencias traumáticas o acontecimientos vitales adversos.
  • Trastornos de ansiedad o depresión.
  • Trastornos de la conducta alimentaria.
  • Consumo de sustancias.
  • Elevada autoexigencia o perfeccionismo.

Es importante subrayar que ninguno de estos factores explica por sí solo las autolesiones. Y también que muchos adolescentes que se autolesionan nunca han sufrido maltrato ni acontecimientos traumáticos graves. La evidencia científica insiste en que no existe un único perfil de adolescente que se autolesiona y que reducir este fenómeno a una sola causa puede hacer que pasemos por alto otros aspectos importantes de su historia.

¿Cómo afecta a las familias?

Cuando una familia descubre las autolesiones suele producirse un auténtico terremoto emocional. Muchos padres y madres describen una mezcla de miedo, culpa, tristeza e impotencia. Es frecuente preguntarse en qué momento empezó todo o si podrían haber hecho algo para evitarlo.

A partir de ese momento pueden aparecer cambios importantes en la dinámica familiar. Algunas familias viven en un estado de vigilancia constante. Otras evitan hablar del tema por miedo a empeorarlo. También es habitual que surjan diferencias entre los propios padres sobre cómo actuar o que aparezcan discusiones motivadas por la preocupación compartida.

En ocasiones, el adolescente también puede sentirse profundamente culpable al ver el sufrimiento que su conducta genera en quienes le rodean, lo que termina aumentando todavía más su malestar.

Por eso, las autolesiones nunca afectan únicamente a quien las realiza. Afectan a toda la familia. Y, precisamente por eso, el acompañamiento también debe incluir a quienes conviven con ese sufrimiento.

¿Qué hacer si descubres que tu hijo se autolesiona?

Descubrir una autolesión suele ser un momento de enorme impacto para cualquier padre o madre. Es normal sentir miedo, enfado, culpa o una necesidad urgente de hacer que la conducta desaparezca cuanto antes. Sin embargo, la forma en que respondamos durante esos primeros momentos puede marcar una diferencia importante.

El objetivo no es conseguir una explicación inmediata. El objetivo es que el adolescente sienta que puede empezar a hablar de lo que le ocurre sin miedo a ser juzgado.

Algunas recomendaciones que pueden ayudar son:

Mantén la calma, aunque por dentro sientas lo contrario

Es completamente comprensible asustarse, pero responder desde el enfado, los gritos o el pánico suele aumentar el sufrimiento del adolescente y hacer que la próxima vez esconda todavía más lo que le ocurre.

Respira. No necesitas resolver todo en ese mismo momento. Necesitas transmitirle que estás disponible para acompañarle.

Escucha antes de buscar respuestas

Muchas familias comienzan preguntando: «¿Por qué has hecho esto?» Sin embargo, para muchos adolescentes ni siquiera resulta fácil responder a esa pregunta.

Puede ser más útil empezar con frases como:

  • «Me preocupa verte sufrir.»
  • «Gracias por confiar en mí.»
  • «Quiero entender qué estás viviendo.»

Escuchar no significa estar de acuerdo con la conducta. Significa intentar comprender qué función está cumpliendo.

Valida el sufrimiento, aunque no entiendas la conducta

Puedes no comprender por qué alguien se hace daño y, al mismo tiempo, reconocer que está sufriendo.

Frases como:

  • «Sé que debes de estar pasándolo muy mal para haber llegado hasta aquí.»
  • «No imagino todo lo que estás sintiendo, pero quiero ayudarte.»

suelen facilitar mucho más la comunicación que intentar convencer al adolescente de que deje de hacerlo.

Busca ayuda profesional

Las autolesiones siempre merecen una valoración clínica. No porque todas impliquen un riesgo vital inmediato, sino porque indican que el adolescente está atravesando un sufrimiento importante y necesita ayuda para encontrar otras formas de afrontarlo. Cuanto antes pueda recibir apoyo especializado, mayores serán las posibilidades de intervenir antes de que la conducta se consolide.

Qué no hacer

Con la intención de ayudar, las familias pueden adoptar estrategias que, sin querer, aumenten el malestar.

Algunas conductas que conviene evitar son:

  • Gritar o castigar al adolescente.
  • Minimizar lo ocurrido con frases como «eso son tonterías».
  • Decir que solo busca llamar la atención.
  • Hacer prometer que nunca volverá a hacerlo.
  • Revisar continuamente su cuerpo o sus pertenencias como única estrategia.
  • Centrar todas las conversaciones únicamente en las autolesiones.

Aunque estas reacciones nacen del miedo, pueden hacer que el adolescente se sienta todavía más incomprendido y aumente el aislamiento emocional.

¿Cuándo acudir a un psicólogo?

Siempre que aparezcan autolesiones es recomendable consultar con un profesional de la salud mental. No es necesario esperar a que la conducta se repita muchas veces.

La psicoterapia ofrece un espacio donde el adolescente puede comprender qué función cumplen las autolesiones y desarrollar recursos más saludables para gestionar aquello que está sintiendo.

El trabajo terapéutico no consiste únicamente en conseguir que deje de hacerse daño. Consiste en comprender qué necesidades emocionales está intentando cubrir mediante esa conducta.

A lo largo del proceso también se trabajan aspectos como:

  • La regulación emocional.
  • La autoestima.
  • La gestión del estrés.
  • Las relaciones con iguales.
  • La comunicación familiar.
  • La resolución de conflictos.
  • La identificación y expresión de las emociones.

La evidencia científica muestra que las intervenciones psicológicas específicas reducen la frecuencia de las autolesiones y favorecen una mejor adaptación emocional, especialmente cuando el tratamiento se adapta a las necesidades de cada adolescente e implica a la familia cuando es necesario.¹

¿Cuándo es importante una valoración por psiquiatría?

Una de las preocupaciones más frecuentes de las familias es pensar que acudir al psiquiatra implica necesariamente comenzar un tratamiento con medicación. Y esto no es así. El papel del psiquiatra va mucho más allá de prescribir fármacos. Su función es realizar una valoración completa para comprender qué está ocurriendo, evaluar el riesgo y detectar si existe algún trastorno mental que pueda estar contribuyendo al sufrimiento del adolescente.

Puede ser especialmente recomendable una valoración psiquiátrica cuando:

  • Las autolesiones son frecuentes o cada vez más graves.
  • Existen pensamientos de muerte o ideación suicida.
  • Hay síntomas importantes de depresión o ansiedad.
  • Aparecen trastornos de la conducta alimentaria.
  • Existe consumo de sustancias.
  • Se sospecha un trastorno bipolar, un trastorno obsesivo-compulsivo u otro trastorno mental que requiera un abordaje específico.
  • El sufrimiento es tan intenso que dificulta gravemente la vida cotidiana.

En algunos casos puede ser necesario valorar un tratamiento farmacológico. En otros muchos, no. La decisión siempre debe tomarse de forma individualizada, teniendo en cuenta las necesidades de cada adolescente.

¿Cómo ayuda el tratamiento en las autolesiones?

Uno de los mayores avances de los últimos años ha sido comprender que el objetivo del tratamiento no es simplemente eliminar las autolesiones. Si solo desaparece la conducta, pero el sufrimiento continúa igual, existe el riesgo de que aparezcan otras formas de expresar ese malestar.

Por eso el tratamiento busca comprender qué está ocurriendo y ofrecer nuevas herramientas para afrontar las emociones difíciles.

Las revisiones sistemáticas muestran que las intervenciones psicológicas especializadas consiguen reducir el riesgo de nuevas autolesiones y mejorar el bienestar emocional. La evidencia señala que no existe un único tratamiento eficaz para todos los jóvenes y que el abordaje debe adaptarse a las características de cada persona y su contexto.¹²

En muchos casos, además del trabajo individual con el adolescente, resulta fundamental implicar a la familia. No porque la familia sea la causa de las autolesiones sino porque puede convertirse en una de las principales herramientas para la recuperación.

Preguntas frecuentes

¿Las autolesiones significan que mi hijo quiere suicidarse?

No necesariamente. Muchas autolesiones tienen como objetivo aliviar un sufrimiento emocional y no implican un deseo de morir. Sin embargo, las autolesiones aumentan el riesgo de conducta suicida futura, por lo que siempre deben ser valoradas por un profesional.

¿Puede dejar de autolesionarse?

Sí. Con un tratamiento adecuado y el apoyo necesario, muchos adolescentes consiguen desarrollar otras formas de gestionar sus emociones y dejan de necesitar las autolesiones como estrategia de afrontamiento.

¿Debo retirar todos los objetos con los que pueda hacerse daño?

Dependerá de cada situación. En algunos casos puede ser recomendable limitar el acceso a determinados objetos, especialmente cuando existe un riesgo elevado. Sin embargo, esta medida por sí sola no resuelve el problema. Lo más importante es comprender el sufrimiento que está detrás de la conducta y buscar ayuda profesional.

¿Debo informar al colegio?

En muchas ocasiones sí. Cuando el centro educativo puede colaborar respetando la confidencialidad y trabajando de forma coordinada con la familia y los profesionales, constituye un importante factor de apoyo para el adolescente.

Un mensaje para las familias

Cuando un adolescente se autolesiona, es fácil que toda la atención se centre en las heridas. Sin embargo, las heridas visibles suelen ser únicamente la parte que podemos ver. Debajo de ellas suele existir un sufrimiento mucho más profundo.

Las autolesiones no definen a un adolescente. No significan que sea débil. No significan que quiera manipular. Y tampoco significan que haya fracasado su familia.

En la mayoría de los casos representan el intento de gestionar un dolor para el que todavía no ha encontrado palabras. Comprender ese sufrimiento es el primer paso para poder ayudar.

En Vinculare podemos acompañaros

Sabemos que descubrir que un hijo o una hija se autolesiona genera miedo, incertidumbre y muchas preguntas.

En Vinculare trabajamos con adolescentes y familias desde una mirada cercana, respetuosa e integradora. Nuestro equipo de psicología y psiquiatría colabora de forma coordinada para comprender qué hay detrás de las autolesiones, valorar el riesgo cuando es necesario y ofrecer un tratamiento adaptado a las necesidades de cada joven y de su familia.

No buscamos únicamente que desaparezca una conducta. Buscamos comprender el sufrimiento que la sostiene y acompañar al adolescente para que pueda encontrar otras formas de expresar, regular y afrontar aquello que está viviendo.

Si vuestro hijo o hija se está autolesionando y no sabéis cómo actuar, podéis poneros en contacto con nuestro equipo. Podemos acompañaros en este proceso.

Bibliografía

  • Glenn CR, et al. Effects of interventions for self-harm in children and adolescents: a systematic review and meta-analysis. The Lancet Child & Adolescent Health. 2024.
  • Beaudry G, et al. Psychological interventions for suicidal behavior in adolescents: a comprehensive systematic review. Nature Mental Health. 2024.
  • Buelens T, et al. Motivations for self-harm in young people and their correlates: a systematic review. Clinical Psychology Review. 2025.
  • Tang S, et al. Childhood maltreatment and non-suicidal self-injury in adolescent population: a systematic review and meta-analysis. Journal of Affective Disorders. 2024.
  • Gkotsis G, et al. Understanding the impact of adverse childhood experiences on non-suicidal self-injury in youth. Current Opinion in Psychology. 2024.

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