Todos los niños sienten miedo, nervios o preocupación en algún momento.
Es normal que un niño tenga miedo a la oscuridad, que se ponga nervioso antes de un examen o que un adolescente se preocupe por hacer nuevos amigos al empezar el instituto. La ansiedad, en realidad, es una emoción necesaria. Nos ayuda a anticipar peligros, prepararnos para situaciones importantes y reaccionar cuando algo requiere nuestra atención.
El problema aparece cuando esa ansiedad deja de ser puntual y comienza a ocupar demasiado espacio en la vida del niño o del adolescente.
Poco a poco puede empezar a evitar situaciones que antes disfrutaba, dejar de ir a cumpleaños, negarse a dormir solo, faltar al colegio, dejar de practicar deporte o aislarse de sus amigos. En esos casos, la ansiedad ya no está ayudando a protegerle: está limitando su desarrollo.
La ansiedad es uno de los problemas de salud mental más frecuentes durante la infancia y la adolescencia. Sin embargo, muchas veces pasa desapercibida porque no siempre se expresa con palabras. Algunos niños dicen que les duele la barriga antes de ir al colegio, otros se muestran irritables, lloran con facilidad o parecen enfadados continuamente. En los adolescentes puede confundirse con rebeldía, timidez o falta de motivación.
Comprender cómo se manifiesta la ansiedad en cada etapa es el primer paso para poder ayudar.
¿Qué es la ansiedad?
La ansiedad es una respuesta natural del organismo ante situaciones que percibimos como importantes, inciertas o potencialmente amenazantes.
Gracias a ella nos activamos para estudiar un examen, reaccionar ante un peligro o prepararnos para afrontar un reto.
Por tanto, sentir ansiedad no significa tener un trastorno de ansiedad.
De hecho, eliminar completamente la ansiedad no sería ni posible ni deseable.
El objetivo no es que los niños nunca sientan miedo o preocupación.
El objetivo es que esas emociones no les impidan vivir.
Cuando la ansiedad aparece con mucha intensidad, dura demasiado tiempo o empieza a limitar la vida cotidiana, puede convertirse en un problema que merece atención profesional.
¿Cuándo la ansiedad deja de ser normal?
Esta es probablemente la duda que más preocupa a las familias.
Todos los niños sienten ansiedad en determinadas situaciones.
La diferencia no está tanto en la intensidad del miedo como en las consecuencias que tiene sobre su vida.
Podemos empezar a preocuparnos cuando la ansiedad hace que el niño:
- Evite situaciones propias de su edad.
- Deje de disfrutar de actividades que antes le gustaban.
- Tenga dificultades para ir al colegio.
- Se relacione cada vez menos con otros niños.
- Presente síntomas físicos frecuentes sin una causa médica.
- Pase gran parte del día anticipando que algo malo va a ocurrir.
En otras palabras, la ansiedad deja de ser una emoción útil cuando empieza a limitar el desarrollo del niño o del adolescente.
Esta idea está respaldada por una revisión sistemática y metaanálisis publicada en 2024, que muestra que los niños y adolescentes con trastornos de ansiedad presentan un deterioro significativo en su funcionamiento diario y una peor calidad de vida que sus iguales sin ansiedad. Las dificultades afectan especialmente al ámbito familiar, escolar y social.
Por eso, cuando valoramos la ansiedad no solo preguntamos cuánto miedo siente un niño, sino también qué ha dejado de hacer por culpa de ese miedo.
¿Cómo se manifiesta la ansiedad según la edad?
La ansiedad no siempre se expresa igual.
Las manifestaciones cambian conforme el niño crece y desarrolla nuevas capacidades para comprender y expresar sus emociones.
En niños pequeños
En los primeros años de vida es frecuente que la ansiedad aparezca a través del cuerpo o del comportamiento.
Algunas señales pueden ser:
- Llanto intenso cuando se separan de sus figuras de apego.
- Miedo excesivo a dormir solos.
- Pesadillas frecuentes.
- Dolores de barriga o de cabeza sin causa médica.
- Rabietas intensas ante situaciones nuevas.
- Necesidad constante de confirmación o seguridad.
A estas edades es difícil que un niño diga «estoy ansioso». Lo habitual es que lo exprese mediante conductas o síntomas físicos.
En edad escolar
Cuando comienzan el colegio aparecen nuevos desafíos.
La ansiedad puede manifestarse mediante:
- Miedo intenso a equivocarse.
- Perfeccionismo excesivo.
- Evitación de exámenes o exposiciones orales.
- Quejas físicas antes de ir al colegio.
- Dificultades para separarse de los padres.
- Necesidad continua de tranquilización.
En ocasiones, el miedo al colegio no tiene que ver con el aprendizaje, sino con la ansiedad que determinadas situaciones escolares generan.
En la adolescencia
Durante la adolescencia la ansiedad puede resultar todavía más difícil de identificar.
No siempre se presenta como miedo evidente.
Es frecuente observar:
- Irritabilidad.
- Aislamiento.
- Baja autoestima.
- Evitación de situaciones sociales.
- Preocupación excesiva por la opinión de los demás.
- Dificultad para concentrarse.
- Problemas de sueño.
En algunos adolescentes la ansiedad puede confundirse con falta de interés, pereza o desmotivación, cuando en realidad están dedicando gran parte de su energía a intentar controlar un miedo constante.
Los síntomas físicos de la ansiedad infantil
Uno de los aspectos que más sorprende a las familias es que la ansiedad también puede expresarse a través del cuerpo.
Es habitual que niños y adolescentes consulten inicialmente al pediatra por síntomas físicos antes de identificar que detrás existe un problema de ansiedad.
Entre los más frecuentes encontramos:
- Dolor de barriga.
- Dolor de cabeza.
- Náuseas.
- Sensación de falta de aire.
- Palpitaciones.
- Tensión muscular.
- Mareos.
- Dificultad para dormir.
- Cansancio persistente.
Estos síntomas son reales. No son imaginarios ni el niño los está fingiendo.
Lo que ocurre es que el organismo responde al estrés activando diferentes sistemas del cuerpo, lo que puede generar molestias físicas incluso cuando no existe una enfermedad médica.
Por este motivo, siempre es recomendable una valoración adecuada que permita descartar causas físicas y comprender el origen de estos síntomas.
¿Por qué aparece la ansiedad?
No existe una única causa que explique por qué algunos niños desarrollan un trastorno de ansiedad y otros no.
La ansiedad suele aparecer por la combinación de diferentes factores que interactúan entre sí. Algunos niños tienen un temperamento más sensible desde pequeños, otros atraviesan acontecimientos estresantes o cambios importantes, y en muchos casos existe también una cierta predisposición biológica.
Entre los factores que pueden aumentar la vulnerabilidad encontramos:
- Un temperamento más inhibido o sensible.
- Antecedentes familiares de ansiedad u otros problemas de salud mental.
- Experiencias estresantes o cambios importantes (como un cambio de colegio, una separación o una pérdida).
- Haber vivido acontecimientos traumáticos.
- Elevados niveles de autoexigencia o perfeccionismo.
- Dificultades en las relaciones con iguales, como el rechazo o el acoso escolar.
Es importante entender que la ansiedad nunca es culpa del niño ni de su familia.
Los padres no provocan la ansiedad de sus hijos. Sin embargo, sí pueden convertirse en una parte fundamental de la recuperación.
La investigación actual pone de manifiesto que la familia influye en la manera en que el niño aprende a afrontar el miedo. En ocasiones, sin darse cuenta y con la mejor intención, los padres pueden adaptar la vida familiar para evitar que el niño sufra: responder constantemente a sus demandas de tranquilidad, hablar por él cuando tiene miedo o evitar aquellas situaciones que le generan ansiedad. Aunque estas conductas alivian el malestar a corto plazo, también pueden mantener la ansiedad porque el niño no llega a descubrir que es capaz de afrontar esas situaciones.
No se trata de culpabilizar a las familias, sino de comprender que el tratamiento también pasa por ayudar a los padres a acompañar de una forma que favorezca la autonomía y la confianza del niño.
¿Cómo afecta la ansiedad a la vida de un niño o adolescente?
Cuando pensamos en ansiedad solemos imaginar únicamente el miedo o los nervios.
Sin embargo, el verdadero impacto de la ansiedad no está solo en cómo se siente un niño, sino en todo lo que deja de hacer por culpa de ese miedo.
Puede dejar de ir a excursiones porque teme separarse de sus padres.
Puede evitar levantar la mano en clase por miedo a equivocarse.
Puede rechazar invitaciones a cumpleaños o actividades deportivas porque teme hacer el ridículo.
Incluso puede empezar a faltar al colegio porque la ansiedad se vuelve tan intensa que resulta insoportable.
La revisión sistemática publicada en Clinical Child and Family Psychology Review muestra que los trastornos de ansiedad afectan significativamente a la calidad de vida y al funcionamiento diario de niños y adolescentes. Las principales dificultades aparecen en tres ámbitos: la vida familiar, el rendimiento y la asistencia al colegio, y las relaciones con otros niños y adolescentes.
Por eso, cuando la ansiedad se mantiene en el tiempo, no solo genera sufrimiento emocional.
También puede interferir en el desarrollo de habilidades fundamentales para esa etapa de la vida, como construir amistades, ganar autonomía, desarrollar confianza en uno mismo o enfrentarse a nuevos retos.
¿Qué pueden hacer las familias para ayudar?
No existen respuestas perfectas.
Acompañar a un hijo con ansiedad puede resultar muy difícil y es normal que los padres también se sientan desbordados.
Aun así, hay algunas estrategias que suelen favorecer una mejor evolución.
Escuchar sin minimizar
Frases como:
- «No pasa nada.»
- «Eso son tonterías.»
- «No tienes motivos para estar así.»
suelen decirse con la intención de tranquilizar.
Sin embargo, para un niño pueden transmitir el mensaje de que sus emociones no son comprendidas.
Es preferible decir:
- «Veo que esto te preocupa mucho.»
- «Entiendo que lo estés pasando mal.»
- «Vamos a ver juntos cómo podemos afrontarlo.»
Validar no significa confirmar que el peligro exista.
Significa reconocer que la emoción que está sintiendo es real.
Ayudar sin hacer las cosas por él
Cuando vemos sufrir a un hijo, nuestro impulso natural es protegerle.
Sin embargo, resolver continuamente aquello que le produce ansiedad puede reforzar el problema.
El objetivo no es eliminar todas las dificultades de su camino.
Es ayudarle a descubrir que tiene recursos para afrontarlas.
Favorecer pequeños retos
La ansiedad disminuye cuando comprobamos, poco a poco, que somos capaces de enfrentarnos a aquello que temíamos.
Esto no significa obligar al niño a hacer cosas para las que no está preparado.
Significa acompañarle para que pueda avanzar de forma progresiva, respetando su ritmo y celebrando cada pequeño logro.
Mantener rutinas estables
Dormir adecuadamente, realizar actividad física, mantener horarios regulares y disponer de tiempo para el juego y el ocio favorecen la regulación emocional y proporcionan una sensación de seguridad especialmente importante en los niños.
¿Qué no suele ayudar?
Con la mejor intención, algunas respuestas pueden mantener la ansiedad sin que nos demos cuenta.
Por ejemplo:
- Contestar constantemente a las mismas preguntas para tranquilizar al niño.
- Evitar siempre las situaciones que le generan miedo.
- Hablar por él cuando siente vergüenza.
- Permitir que deje de hacer todas las actividades que le producen ansiedad.
- Regañarle por tener miedo.
- Compararle con otros niños.
Aunque estas estrategias reducen el malestar de forma inmediata, a largo plazo pueden reforzar la idea de que el niño no será capaz de afrontar esas situaciones por sí mismo.
¿Cuándo acudir a un psicólogo?
No es necesario esperar a que la ansiedad sea muy intensa para pedir ayuda.
Cuanto antes se interviene, más fácil suele ser evitar que las dificultades interfieran en el desarrollo del niño.
Puede ser recomendable consultar cuando:
- La ansiedad limita su vida cotidiana.
- Evita actividades propias de su edad.
- Los síntomas físicos aparecen con frecuencia.
- Existen dificultades importantes para acudir al colegio.
- La ansiedad afecta a las relaciones familiares o sociales.
- El malestar se mantiene durante semanas o meses.
La psicoterapia ayuda a comprender cómo funciona la ansiedad y ofrece herramientas para que niños, adolescentes y familias puedan afrontar progresivamente las situaciones que generan miedo.
El objetivo no consiste únicamente en reducir los síntomas.
También busca recuperar aquello que la ansiedad había ido limitando: la autonomía, las relaciones, el disfrute, la confianza y la participación en la vida cotidiana.
La evidencia científica muestra que la psicoterapia no solo disminuye los síntomas de ansiedad, sino que mejora significativamente el funcionamiento global, la participación social, la vida familiar y la asistencia escolar.
¿Cuándo es importante una valoración por psiquiatría?
Una de las dudas más habituales es si acudir al psiquiatra significa que el niño va a necesitar medicación.
La respuesta es no.
La función del psiquiatra infantil es realizar una valoración completa para comprender qué está ocurriendo y decidir cuál es el tratamiento más adecuado en cada caso.
Puede ser especialmente recomendable solicitar una valoración cuando:
- La ansiedad es muy intensa y limita gravemente la vida diaria.
- Existen ataques de pánico frecuentes.
- El rechazo escolar es persistente.
- Aparecen síntomas de depresión.
- Existe riesgo de autolesiones o ideación suicida.
- Hay sospecha de otros trastornos asociados, como un trastorno obsesivo-compulsivo, un trastorno de la conducta alimentaria o un trastorno del neurodesarrollo.
En algunos casos puede ser útil valorar un tratamiento farmacológico, especialmente cuando la ansiedad es muy intensa o no mejora lo suficiente con la intervención psicológica.
Sin embargo, la medicación nunca sustituye al trabajo psicoterapéutico ni al acompañamiento familiar.
Preguntas frecuentes
¿La ansiedad infantil desaparece sola?
Algunos miedos evolutivos forman parte del desarrollo y desaparecen con el tiempo. Sin embargo, cuando la ansiedad limita la vida cotidiana o persiste durante meses, es poco probable que se resuelva únicamente esperando. Una valoración temprana puede prevenir que el problema se cronifique.
¿Es normal que a mi hijo le duela la barriga por ansiedad?
Sí. El dolor abdominal es uno de los síntomas físicos más frecuentes de la ansiedad en la infancia. Aun así, siempre es importante descartar primero una causa médica.
¿Todos los niños con ansiedad necesitan medicación?
No. La mayoría de los niños y adolescentes con ansiedad se benefician principalmente de un proceso psicoterapéutico. La medicación solo se plantea en determinadas situaciones y siempre tras una valoración individualizada.
¿Puede seguir haciendo una vida normal?
Sí. Con un tratamiento adecuado y el acompañamiento de su familia, la mayoría de niños y adolescentes recuperan progresivamente sus actividades, relaciones y autonomía.
Un mensaje para las familias
Ver sufrir a un hijo genera una enorme sensación de impotencia.
Es natural querer protegerle de todo aquello que le produce miedo.
Pero ayudar no significa eliminar todos los obstáculos.
Significa caminar a su lado mientras descubre que es capaz de afrontarlos.
La ansiedad no define quién es un niño.
Es una dificultad que puede tratarse y que, con el acompañamiento adecuado, no tiene por qué limitar su desarrollo ni su futuro.
Pedir ayuda a tiempo no significa que la situación sea grave.
Significa ofrecerle antes las herramientas que necesita para crecer con mayor seguridad y confianza.
En Vinculare podemos acompañaros
En Vinculare acompañamos a niños, adolescentes y familias desde una mirada cercana, respetuosa e integradora.
Nuestro equipo de psicología y psiquiatría trabaja de forma coordinada para comprender qué hay detrás de la ansiedad, valorar las necesidades de cada niño y diseñar un tratamiento adaptado a su momento vital y a su contexto familiar.
Creemos que tratar la ansiedad no consiste únicamente en reducir los síntomas. Consiste en ayudar a los niños y adolescentes a recuperar aquello que el miedo les ha ido quitando: la tranquilidad, la confianza, las relaciones y la posibilidad de disfrutar de su infancia y adolescencia.
Si crees que tu hijo o hija puede estar atravesando un problema de ansiedad, podemos acompañaros y ayudaros a encontrar la mejor manera de afrontarlo juntos.
Bibliografía
- Cardy JL, Waite P, Cocks F, Creswell C. A Systematic Review of Parental Involvement in Cognitive Behavioural Therapy for Adolescent Anxiety Disorders. Clinical Child and Family Psychology Review. 2020.
- Dickson SJ, Oar EL, Kangas M, et al. A Systematic Review and Meta-Analysis of Impairment and Quality of Life in Children and Adolescents with Anxiety Disorders. Clinical Child and Family Psychology Review. 2024.
- Dickson SJ, Kuhnert RL, Lavell CH, Rapee RM. Impact of Psychotherapy for Children and Adolescents with Anxiety Disorders on Global and Domain-Specific Functioning: A Systematic Review and Meta-analysis. Clinical Child and Family Psychology Review. 2022.